Época de confusión

Época de confusión. Washington, Diana Negre

El presidente ruso, Vladimir Putin, pronuncia un discurso el pasado viernes durante un mitin en la Plaza Roja de Moscú, celebrando la admisión de las cuatro regiones en Rusia./Reuters

Apenas dos días de la anexión rusa, Liman, uno de los territorios ucranianos que parecían haber cambiado de país ha vuelto al control de Kiev, que pudo imponerse militarmente a las tropas rusas en encarnizadas luchas en este territorio.
En las guerras se miente mucho -o se aprecian las cosas de diferente manera- peor en este caso no parece haber grandes dudas porque los propios mandos militares rusos dijeron que habían tenido que ceder territorio y que sus tropas se veían amenazadas.
Lo cual no significa necesariamente un revés irreversible para las fuerzas de Moscú, pues en todas las guerras hay movimientos que cambian la situación, como en su día ocurrió cuando las tropas rusas ocuparon esta región que han vuelto a perder.
Lo que sí es cierto es que Rusia ha sufrido un revés porque el territorio que ha perdido está precisamente en una de las zonas que, según el Kremlin, ha dejado de ser Ucrania para entrar en Rusia, que se apropió de cinco zonas ucranianas. De esta forma, no es ya que Rusia haya sufrido un revés en territorio ucraniano, es que ha PERDIDO PARTE DE SU PROPIO TERRITORIO, por nuevo que sea tal territorio.
Los ucranianos probablemente tratarán de enarbolar este éxito militar para conseguir más apoyo militar y, sobre todo, para convencer a sus aliados occidentales que les conviene tener a Ucrania como aliado permanente, tan permanente que la incluyan en su club. Es decir, que le permitan entrar en la OTAN, con las garantías militares que representa, y más adelante en la Unión Europea.
Esto seguramente será más, mucho más difícil que enfrentarse a Rusia: los países occidentales difícilmente aceptarán los costos, económicos y militares, de semejante ampliación de la OTAN. Y aquí, los más reacios serán los europeos, porque Estados Unidos parece estar filtrando con semejante idea desde hace ya mucho tiempo.
Hace nada menos que 23 años, cuando en 1998 el fya anciano uncionario norteamericano George Kennan, principal arquitecto de la Guerra Fría y promotor del Plan Marshall que ayudó a Europa a recuperarse de los estragos de la Segunda Guerra Mundial, advirtió que la expansión europea y norteamericana hacia el Este tenía sus límites y que Rusia, que había perdido su control sobre los países del Pacto de Varsovia, no permitiría que la expansión hacia el Este continuara
Los hechos le dieron la razón cuando Rusia cercenó las veleidades democráticas de Georgia y se anexionó Crimea, que había formado parte de Ucrania. El empeño norteamericano por seguir presionando hacia el Este, que había comenzado con el republicano George Bush, siguió con el demócrata Obama y otro tanto hace su otrora vicepresidente Joe Biden, ahora el primer mandatario del país.
El presidente Trump hizo una pausa y dijo que a Washington le convendría tener una relación mejor con Rusia, pero aunque este comentario se parecía al que unos años antes había hecho la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton al sugerir un replanteamiento de la relación con Moscú, a Trump le acusaron de contubernio con Moscú para pagar una deuda de apoyo electoral. Una investigación, lanzada con el fin de debilitarlo, no pudo hallar prueba alguna de semejante colaboración con Rusia.
Estados Unidos es el líder de la Alianza Atlántica y Europa, en general, ha tenido una voz limitada en las decisiones de la OTAN. Pero en este caso tal vez tenga una función algo mayor: sus intereses se hallan afectados directamente, tanto en el terreno militar como el económico. Por propia experiencia, los europeos saben que el ejército ruso es grande y puede sacar recursos cuando parece estar agotado. Además, el apoyo europeo hacia Ucrania es frágil, especialmente si les ha de costar vidas y dinero: ni los países europeos quieren verse envueltos en una guerra, ni Washington es un aliado fiable.
Ni aquí ni en ningún otro lugar olvidan la salida apresurada de los norteamericanos de Vietnam y, recientemente, de Afganistán.
¿Y qué decir de la confusión en torno al petróleo del Mar del Norte? Naturalmente, no están desligados de la guerra de Ucrania.
De momento, lo único común al responder a estos ataques es “Yo no he sido”.
Lo entonan los rusos, con la alegación de que no tiene sentido destruir los oleoductos que llevan su petróleo. Lo dice Polonia, que saldría perjudicada y lo dice Estados Unidos, que tiene una defensa más difícil: si los oleoductos dejan de funcionar, Washington podrá seguir vendiendo el gas licuado que desde hace tanto tiempo quiere llevar a los mercados mundiales.
Lo cierto es que los daños en los oleoductos parecen provocados: los sismólogos registraron actividad, pero no la habitual. Por otra parte, tan difícil no es: submarinos o drones pueden causar estos daños. Y todos tienen los medios de actuar.
Más difícil es repararlos, de forma que parecería ser mas útil Estados Unidos que a Rusia, porque el petróleo que allí había era ruso. Pero la manera de pensar del Kremlin no es la nuestra y vete a saber, podeos recordar aquello de que “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Y lo mismo se puede decir de Polonia, o de cualquier otro país en el que nadie ha pensado por ahora.
Entre tanto, hay miedo entre otros exportadores, como Noruega, que ha empezado ya a enviar su petróleo por otros oleoductos que teme puedan ser victimas del mismo atacante.
Destruir estos oleoductos no es empresa fácil: son muy gruesos y con todo tipo de protecciones, pero como la Armada Invencible, que Felipe II no envió para luchar contra los elementos sino contra otros navíos, en este caso ocurre lo mismo pero al revés, que no son los elementos naturales sino los humanos. Al revés, pero lo mismo, que nada se puede prever, y menos aún durante una guerra.
Entre tanto, el mundo que esperaba una recuperación económica y una etapa de mejoras tras la pandemia se enfrenta a nuevas dificultades con estas tensiones, tanto militares como económicas: las bolsas se van derrumbando, países como el Reino Unido se hallan en medio de una crisis financiera añadida a sus tensiones políticas y el gran índice bursátil, que es el Dow Jones, lleva ya una temporada de pérdidas y se anuncian nuevas caídas en picado.
Al final, es probable que se repita lo de otras crisis en que algunos salieron renovados y otros no pudieron superarlas. La noria seguirá girando, pero con actores tal vez diferentes y con lecciones teóricamente aprendidas… que servirán de poco en la siguiente crisis, con actores y condicionantes nuevos.

Autor: Diana Negre

Autorizamos la reproducción total o parcial de este artículo a condición de que se mencionen la fuente y el autor: http://www.ghemulariadnei.worldpress.com     y  Diana Negre.

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Deshojando la margarita

Deshojando la margarita. Washington, Diana Negre


La decisión rusa de movilizar 300.000 soldados para la guerra con Ucrania plantea una larga serie de preguntas a las que probablemente nadie, excepto Vladimir Putin, tiene una respuesta clara.
Más de medio año más tarde desde la “operación militar especial” lanzada contra Ucrania, Putin ha dado unas órdenes que parecen más propias de una guerra y que indican el poco éxito de la campaña rusa en Ucrania hasta ahora.
Incluso ha hablado de lanzar un ataque atómico y podría justificarlo con la defensa de territorios rusos, toda vez que está a punto de incorporar a su país zonas “liberadas” de Ucrania. Es cierto que se trataría de ataques reducidos, pero podrían volverse contra la propia Rusia por razones simplemente meteorológicas. ¿Habrá algo que lo disuada para que no siga este camino?
¿A qué se deben las dificultades que Rusia parece tener para una victoria militar en Ucrania, que en febrero parecía inevitable? ¿Está tan mal preparado el ejército ruso, en personal y en armamento, que no puede resistir las acciones de un país mucho menor? ¿O es que las armas occidentales, especialmente el sistema de misiles HIMARS es tan superior a los arsenales rusos?
Ciertamente, los misiles HIMARS (High Moblility Artillery Rocket System) no parecen tener contrapartida rusa y son muy efectivos para frenar el avance de las tropas enemigas. Al principio de esta guerra, los ucranianos no disponían de estas defensas, pero ahora tienen varias plataformas HIMARS entregadas a principios de verano por Estados Unidos.
Otra arma que tal vez influyó son los “drones”, también norteamericanos, y también utilizados contra los rusos en Ucrania, como en su día lo fueron en Afganistán en las postrimerías de la Guerra Fría.
A la vista de la respuesta rusa y con el riesgo de que la conflagración se extienda ¿es mejor que los países occidentales continúen abrazando a Ucrania, o que mantengan una cierta distancia para que Moscú no se sienta amenazado?
Al margen de consideraciones geoestratégicas, ésta parece una guerra indirecta. ¿Por qué la ha lanzado Estados Unidos? ¿No parecería más lógico que se preocupara por la amenaza del creciente poderío chino, más que por el desgastado ex imperio soviético?
Y si Estados Unidos tiene interés en este conflicto, ¿Por qué ha esperado tanto a enviar armas a Ucrania? Ciertamente, los efectivos americanos llegaron mucho más tarde que los de otros países de la OTAN y Washington parecía poco interesado en enviarlos por temor a que los ucranianos no los supieran utilizar. ¿O quizá el interés por probar nuevas armas y tácticas justificó el riesgo y las vidas perdidas?
En cuanto a Putin, ¿responden sus acciones a los intereses geoestratégicos de Moscú, o se equivocó y mordió el anzuelo que le lanzó Washington?
Sea cual sea la respuesta a estas preguntas, el conflicto no lleva trazas de acabar pronto sino de seguir como una guerra de desgaste en las zonas de guerra y una fuente de tensiones entre Rusia y los países occidentales. Es también una amenaza para las economías europeas debido a la falta de energía para mantener su industria o para calentarse en invierno.
Rusia también sale perdiendo pues, si bien la China le compra los excedentes de gas o de petróleo, lo hace a precios menores que Alemania.


Si todo esto tiene una respuesta difícil -o imposible- es sin embargo claro que la preocupación es un tanto inútil: Vladimir Putin, con o sin el apoyo occidental, es a fin de cuentas otro zar, lo mismo que han tenido los rusos en los últimos siglos, en que pasaron del pequeño ducado de Moskovia a ser el país con más territorio del mundo pues se extiende por 11 franjas horarias.
Y son zares, ya fueran monarcas o secretarios del Partido Comunista, lo que ha tenido Rusia -o en su día la Unión Soviética liderada por Rusia- desde los días del Ducado de Moskovia.
Tal vez Mihail Gorbachov, muerto casi en desgracia recientemente y odiado por Putin por haber presidido la desintegración del Imperio Soviético, sea una excepción a los mandatarios moscovitas. O quizá también le acompañe Boris Yeltsin, quien tuvo que ceder las riendas del Kremlin a Putin, que devolvió el país a sus cauces imperiales.
Rusia seguirá su camino manteniendo sus grandes extensiones e intentando recuperar lo que pueda de sus antiguas glorias soviéticas. Lo hará con o sin Putin, da igual quien sea el zar del momento.

Autor: Diana Negre

Autorizamos la reproducción total o parcial de este artículo a condición de que se mencionen la fuente y el autor: http://www.ghemulariadnei.worldpress.com     y  Diana Negre.

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Vizite neașteptate/Visitas inesperadas

Vizite neașteptate Washington, Diana Negre


Politica americană a oferit, acum câteva zile, o bună ocazie care a stârnit râsul, mai ales al simpatizanților republicani, atunci când au văzut niște centre privilegiate ale rivalilor lor democrați nevoite să facă față realităților create de imigrația scăpată de sub control: locuri cum ar fi reședința vicepreședintei, sau zone unde își petrec vacanțele oamenii bogați și puternici, au început să primească grupuri de imigranți ilegali, sosiți recent în țară.
Martha’s Vineyard („Via Martei”) este unul dintre refugiile estivale pentru cei politic și economic puternici, majoritatea dintre ei din Partidul Democrat. Pe o suprafață de 250 Km2 locuiesc doar 17.000 persoane, cu toate că, vara, ajung la 200.000. Peste 80%, de obicei, votează cu democrații, iar zona a fost declarată „sanctuar” pentru a-i proteja pe imigranții fără acte.
De fapt, nu prea sunt acolo imigranți care să beneficieze de această protecție, sau, cel puțin, n-au fost până acum.
În schimb, personaje ca Barak Obama au terenuri și case acolo, pe care le vizitează, de obicei, vara. Obama, de exemplu, are o vilă cu 7 camere și 8 băi într-o proprietate de 10 hectare. Pe care a cumpărat-o cu aproape 12 milioane de dolari, acum trei ani.
Acolo se trage de șireturi cu familia Kennedy, care are și ea un pălățel, cu fostul președinte Clinton și cu personaje celebre ca Bill Gates, Oprah Winfrey și alți actori sau personalități care apar pe canalele de televiziune și milionari sosiți din toată țara.
Cu o anumită perversitate, unele medii de informare conservatoare semnalau că Obama are suficient spațiu pentru a monta corturi de campanie pe proprietatea sa și să găzduiască sute de imigranți. În orice caz, ar putea rezolva mica problemă imediat, apărută odată cu sosirea a 50 de venezolani, care au fugit de paradisul comunist din țara lor.


I-a trimis guvernatorul din Florida – posibil candidat prezidențial republican peste doi ani, Ron DeSantis. Florida primește, zilnic, în medie, 5.000, iar guvernatorul consideră că este o încărcătură excesivă, care ar trebui să fie distribuită echitabil în toată țara.
La fel se întâmplă cu reședința vice-președintei, Kamala Harris, situată în Observatorul astronomic din Washington, căci acolo au sosit câteva autobuze cu imigranți proveniți din statul Texas, care a urmat exemplul Floridei. Sau orașele Chicago și New York, unde, de asemenea, au sosit imigranți fără acte.
Nici Martha’s Vineyard, nici reședința vice-președintei, și niciunul dintre celelalte locuri nu și-au deschis vilele pentru cei nou-sosiți, ci i-au plasat în azile pentru oameni fără adăpost, în școli sau în biserici, unde dispun de paturi suprapuse și alimente, în timp ce așteaptă să fie mutați, permanent, în alte locuri.
Reacțiile celor care i-au primit pe acești vizitatori neașteptați au fost diferite: în New York, de exemplu, primarul a anunțat imediat că orașul va oferi toate serviciile municipale noilor veniți și nu-i va discrimna pe criterii de origine sau proveniență pe acești nevoiași.
Primărița din Chicago i-a trimis spre sectoare unde sunt locuitori majoritari republicani, în timp ce președintele Biden deja i-a condamnat pe cei care-i trimit în afara statelor lor.
Lăsând de o parte glumele care sunt stârnite de asemenea situații, soarta acestor imigranți poate avea un impact electoral important: mai rămân mai puțin de două luni până la alegerile legislative din 8 noiembrie, iar imigrația ilegală este una dintre cele trei chestiuni care interesează electoratul cel mai mult.
Partidul republican, acum în opoziție, cu dorințe de a recupera majoritățile de care a beneficiat până de curând în ambele camere ale Congresului, încearcă să demonstreze incongruența politicii migratorii actuale favorabile intrării imigranților fără documente din două motive: în parte, deoarece în felul acesta își demonstrează bunătatea inimii lor, și într-o parte și mai mare, deoarece atrag alegători pentru Partidul Democrat.
Acest calcul electoral se bazează pe experiența că noii imigranți obișnuiesc să treacă de partea Partidului Democrat și își păstrează această poziție mult timp, până se integrează în țară după o generație sau două, și încetează să se mai simtă străini.
Există și excepții, cum sunt alegătorii cubanezi sau venezolani, care au fugit de regimuri comuniste, și acest lucru îi face să se alinieze cu conservatorii, dar, de obicei, după vreo 10 sau 12 ani de la sosirea lor în SUA, imigranții obțin cetățenia americană și devin alegători fideli ai Partidului Democrat.
Cel puțin așa erau. Căci, se pare că cel mai mare grup imigrant actual, format din ibero-americani , flirtează, acum, cu republicanii: ultimele sondaje arată că cel puțin o treime – poate chiar jumătate – se vor da cu republicanii.
Rațiunile par a fi diferite. Pe de o parte, deoarece Partidul Democrat a adoptat poziții elitiste și urmează ultimele mode radicale ale academicienilor progresiști americani. Pe imigranții din emisfera americană nu prea îi atrage familia homosexuală, avortul sau lipsa controlului părinților asupra copiilor lor. Pe de altă parte, mulți au resimțit deja consecințele unor politici comuniste în țările lor de origine și nu se simt atrași de ideologia mai radicală a partidului democrat, care se pare că, în prezent, e vocea întâi.
Culmea, promisiunile democraților de a-i integra pe imigranți nu s-au împlinit: ultima acțiune în acest sens a avut loc acum 40 de ani și a provenit din rândurile republicane, când președintele de atunci, Ronald Reagan, a urmat propunerea de a-i legaliza pe toți imigranții și a le da acces la cetățenia americană.
Atunci erau 3 milioane de imigranți în situație nelegală, azi se apreciază că sunt peste 14 milioane, două milioane dintre ei au sosit de când Joe Biden e președinte și și-a arătat dorința de a urma îndemnul de pe placa de la baza Statuii Libertății: „dați-mi masele voastre obosite și slăbite, doritoare de a respira libertatea.”
Pentru moment, răspunsul Partidului Democrat s-a limitat la amenințarea de a-i „investiga” pe republicanii responsabili de transferul imigranților, pentru a vedea dacă se va putea descoperi vreo infracțiune ca să fie pedepsiți. Este sigur că, în toată țara, ambele partide vor găsi magistrați favorabili interpretărilor lor.

Autorul articolului: Diana Negre

Autorizăm reproducerea totală sau parțială a acestui material cu condiția menționării sursei: http://www.ghemulariadnei.wordpress.com și autorului: DIANA NEGRE… precum și păstrării formei originale/nealterării prin asociere cu alte materiale străine, nesemnate sau publicate sub semnătura autorului, în cadrul aceluiași articol.

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Visitas inesperadas Washington, Diana Negre


La política norteamericana brindó hace pocos días una buena ocasión para reírse, especialmente los simpatizantes republicanos, cuando vieron los centros de privilegio de sus rivales demócratas enfrentados a las realidades de la inmigración descontrolada: lugares como la residencia de la vicepresidenta, o zonas de vacaciones para ricos y poderosos, empezaron a recibir grupos de inmigrantes llegados recientemente al país.
Martha’s Vineyard (“el viñedo de Marta”), es uno de los refugios estivales para los política o económicamente poderosos, en su mayoría del Partido Demócrata. En una superficie de 250 Km2 viven tan solo unas 17.000 personas, aunque se multiplica en verano para llegar a casi 200.000. Más del 80% da regularmente su voto a los demócratas y la zona se ha declarado “santuario” para proteger a los inmigrantes indocumentados.
En realidad, apenas hay allí inmigrantes acogidos a esta protección, o por lo menos no los había hasta ahora.
En cambio, personajes como Barak Obama tienen terrenos y casas allí, que visitan generalmente tan solo en verano. Obama, por ejemplo, tiene una mansión de 7 habitaciones con 8 baños en una propiedad de 10 hectáreas que compró por casi 12 millones de dólares, hace tres años.
Allí se codea con la familia Kennedy, que también tiene una mansión, con el ex presidente Clinton y personajes célebres como Bill Gates, Oprah Winfrey y otros actores o personalidades televisivas y millonarios llegados de todo el país.
Con cierta perversidad, algunos medios conservadores señalaban que Obama tiene espacio suficiente para montar tiendas de campaña en su propiedad y alojar a centenares de inmigrantes. En cualquier caso, podría resolver el pequeño problema inmediato creado con la llegada de 50 venezolanos que huían del paraíso comunista de su país.
Los envió el gobernador de Florida y posible candidato presidencial republicano dentro de dos años, Ron DeSantis. Su estado recibe en promedio 5000 refugiados diarios y considera que es una carga excesiva que debería repartise equitativamente por todo el país.
Otro tanto ocurre con la residencia de la vicepresidenta Kamala Harris, situada en el Observatorio astronómico de Washington, pues allí llegaron algunos autobuses con inmigrantes provenientes del estado de Texas, que siguió el ejemplo de Florida. O las ciudades de Chicago o Nueva York, a la que también llegaron otros inmigrantes indocumentados.
Ni Martha’s Vineyard , ni la residencia de la vicepresidenta, ni ninguno de los otros lugares han abierto las mansiones a los recién llegados, sino que los han colocado en asilos para gente sin techo, en escuelas o en iglesias donde disponen de literas y alimentos mientras esperan ser trasladados a otros lugares con carácter más permanente.
Las reacciones de los receptores de estos inesperados visitantes han sido diversas: en Nueva York, por ejemplo, el alcalde anunció inmediatamente que la ciudad ofrecerá todos los servicios municipales a los recién llegados y que no va a discriminar en cuanto al origen o procedencia de los necesitados.
La alcaldesa de Chicago envió a los recién llegados a sectores donde hay residentes mayoritariamente republicanos, mientras que el presidente Biden ya ha condenado a quienes envían a estos inmigrantes fuera de sus estados.
Aparte de las bromas que semejante situación provoca, la suerte de estos inmigrantes puede tener un impacto electoral importante: no faltan ni dos meses para las elecciones legislativas del 8 de noviembre y la inmigración ilegal es una de las tres cuestiones que más interesa al electorado.
El partido republicano, ahora en la oposición y con deseos de recuperar las mayorías de que había disfrutado hasta hace pocos años en las dos cámaras del Congreso, trata de demostrar la incongruencia de la política migratoria actual favorable a la entrada de gente indocumentada por dos motivos: en parte, porque así demuestran la bondad de su corazón y en otra parte todavía mayor porque van acumulando futuros votantes para el Partido Demócrata.
Este cálculo electoral se basa en la experiencia de que los nuevos inmigrantes acostumbran a alinearse con el Partido Demócrata durante un largo tiempo, hasta que se integran al cabo de una o dos generaciones en el país y dejan de sentirse extranjeros.
Hay algunas excepciones, como el voto cubano o venezolano, pues es gente refugiada de regímenes comunistas lo que les impulsa a alinearse con los conservadores, pero lo habitual es que al cabo de unos 10 o 12 años de llegar a Estados Unidos, los inmigrantes han adquirido la ciudadanía y son votantes fieles del Partido Demócrata.


O lo eran. Porque parece que en el caso del mayor grupo inmigrante actual, que es la población de origen iberoamericano, flirtea ahora con los republicanos: las últimas encuestas indican que por lo menos un tercio -y quizá hasta casi la mitad- se alinearían con los republicanos.
Las razones parecen ser varias. Por una parte, porque el Partido Demócrata ha tomado posiciones elitistas y sigue las últimas modas radicales de los académicos progresistas norteamericanos. A los inmigrantes del hemisferio no parece atraerles mucho la familia homosexual, el aborto o la falta de control de los padres sobre sus hijos. Por otra parte, muchos han experimentado ya las consecuencias de algunas políticas comunistas en sus países de origen y no se sienten muy atraídos a la ideología más radical del partido demócrata, que en estos momentos parece llevar la voz cantante.
Para colmo, las promesas demócratas de integrar a los inmigrantes no se han materializado: la última acción en este sentido es de hace casi 40 años y salió de las filas republicanas, cuando el entonces presidente Reagan secundó la propuesta para legalizar a casi todos los inmigrantes y darles acceso a la ciudadanía.
Entonces había 3 millones de inmigrantes en situación irregular, hoy se estima que son más de 14 millones, dos de los cuales llegaron desde que Joe Biden es presidente y mostró su deseo de seguir la exhortación añadida a la placa a los pies de la Estatua de la Libertad: “dame a vuestras masas cansadas y encogidas, deseosas de respirar la libertad.”
De momento, la respuesta del Partido Demócrata se ha limitado a amenazas de “investigar” a los republicanos responsables por el traslado de inmigrantes para ver si se podría descubrir algún acto delictivo en esta medida. Es bien seguro que, a lo largo del país, tanto un partido como otro encontrarán magistrados favorables a su interpretación.

Autor: Diana Negre

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Democrații lui Trump/Los demócratas de Trump

Democrații lui Trump Washington, Diana Negre


În alegerile din 2016, Donald Trump a câștigat, în parte, grație sprijinului alegătorilor democrați frustrați de propriul lor partid, iar acum, cu doi ani înainte de viitoarele alegeri , sprijinul pentru Trump s-a extins până și la conducătorii Partidului Democrat, cu toate că obiectivul lor este total diferit: vor să-l promoveze pe Trump pentru a îmbunătăți posibilitățile electorale ale candidaților democrați.
Se pare că unii activiști din Partidul Democrat cred că apropierea de Trump este toxică pentru republicani și că simpla sa prezență este suficientă pentru a opri formarea de majorități în partidul rival la alegerile parțiale, care vor avea loc în noiembrie viitor.
Consecința acestei teorii este că acei candidați parlamentari favorizați de Trump primesc și sprijinul membrilor Partidului Democrat, aceștia sperând că simplul fapt că sunt patronați de fostul președinte, vor primi mai puține voturi, decât rivalii lor democrați.


Pentru partidul care acum se află la Casa Albă și se bucură de majorități în ambele camere ale Congresului, o victorie a opoziției republicane ar însemna doi ani în penumbră politică, deoarece, cu toate că ar păstra președinția până la alegerile generale, din 2024, Congresul ar fi controlat de republicani, care ar putea anula majoritatea inițiativelor președintelui, Joe Biden, sau a rivalilor săi din Congres.
Acest lucru se întâmplă de obicei la alegerile de la mijlocul mandatelor prezidențiale, când, partidul care are președinția suferă uzura puterii și pierde multe voturi în Congres. Așa i s-a întâmplat lui Bill Clinton, a cărui popularitate personală nu i-a putut proteja pe coreligionarii săi, și s-a repetat și cu Barak Obama, care a fost nevoit să recunoască că i-a dat partidului său o păruială electorală.
Partidul Republican era foarte încrezător că se va repeta acest model în noiembrie viitor, deoarece președintele Biden nu este popular, iar măsurile aprobate, în cei doi ani de când este președinte, au stârnit o puternică reacție de respingere în rândurile republicanilor, și nu se bucură de sprijin în mai multe sectoare ale populației.
Totuși, pronosticurile nu sunt prea încurajatoare: ultimele sondaje dau republicanilor o mică marjă de avantaj de 4 puncte în Senat, însă, în Camera Reprezentanților, merg cu 4 puncte în urmă. Dacă nu obțin controlul ambelor camere, nu-i vor putea lega mâinile lui Biden și echipei sale și nici nu vor putea împiedica să devină legi ambițioasele proiecte ale Partidului Democrat. Dar, sunt și alte sondaje mai favorabile, însă avantajul total al republicanilor nu depășește în niciun sondaj cele 4 puncte, iar proiecțiile scad cu fiecare săptămână ce trece.
Până acum, candidați republicani care aveau sprijinul lui Trump s-au impus în unele cazuri, dar au avut mari dificultăți și au pierdut în altele. Democrații sunt încrezători că le va fi ușor să-i înfrângă pe acei republicani care s-au impus în alegerile primare, grație ajutorului lui Trump.
Raza de lumină pentru republicani o reprezintă avantajul lor printre alegătorii independenți, care, pentru moment, este de 8 puncte. Al punct favorabil – care este o noutate – este sprijinul republican printre negri, căci, anchetele îi situează la 31%, și ajunge chiar la 42%, printre alte minorități.
Câștigurile republicanilor sunt mari, mai ales, printre hispani, căci ultimele pronosticuri arată că 37% îi favorizează, iar cest procentaj ar putea urca, deoarece 22% dintre ei nu s-au hotărât încă. Și mai îngrijorător pentru democrați este faptul că, dacă alegerile ar avea loc azi între Trump și Biden, Trump ar obține 44% , iar Biden 43%.
Pe de altă parte, s-ar putea lua în considerare că sondajele sunt ușor orientate în favoarea democraților, datorită controlului pe care îl exercită asupra majorității mijloacelor de informare.
O latură pozitivă pentru democrați este că opinia despre președintele Biden, cu toate că nu e prea bună, se îmbunătățește și se apropie de nivelul pe care îl avea Trump în acest moment al președinției sale. În ultimele șase luni, a fost foarte joasă și, cu toate că la viitoarele alegeri din noiembrie nu va fi în joc Casa Albă, toți președinții exercită o influență asupra candidaților din partidul lor.
Atât republicanii, cât și democrații se străduiesc din răsputeri să influențeze opinia publică, atât cu declarații și decizii politice, cât și cu ajutorul mijloacelor de informare afine partidului lor.
Democrații controlează majoritatea mijloacelor de informare și au, de asemenea, ajutorul Hollywood-ului, cu toate că, anul acesta, republicanii încearcă un contra-atac cinematografic, prin difuzarea unui film „Fiul meu Hunter”, centrat pe viciile și corupția fiului președintelui, Hunter Biden, care s-a folosit de funcțiile publice ale tatălui său pentru a obține beneficii economice în afara țării și ale cărui probleme cu drogurile sunt bine cunoscute.

Hunter Biden


Este o corupție care, conform acestui film, nu se referă atât la fiu, ci îl cuprinde și pe tată, în vremea aceea, vicepreședintele lui Barak Obama și beneficiar al afacerilor tulburi ale lui Hunter Biden.
Recurgerea la filme nu este frecventă printre republicani, iar, în acest caz, difuzarea peliculei poate fi frânată printr-o relativă dificultate de a fi vizionată și din cauza prețului ei, căci costă 21 de euro, pentru a-l putea vedea pe internet și, pentru moment, nu e prezentată în sălile de cinematograf.
Mulți distribuitori de filme știu ce vor și își detestă furnizorii, căci, din punct de vedere electoral, filmul își va pierde din interes, pe 8 noiembrie, când vor avea loc alegeri.
Competiția electorală pentru 2024 pentru Casa Albă va începe aproape imediat, iar populația americană se va vedea supusă la doi ani de bombardament electoral.

Autorul articolului: Diana Negre

Autorizăm reproducerea totală sau parțială a acestui material cu condiția menționării sursei: http://www.ghemulariadnei.wordpress.com și autorului: DIANA NEGRE… precum și păstrării formei originale/nealterării prin asociere cu alte materiale străine, nesemnate sau publicate sub semnătura autorului, în cadrul aceluiași articol.

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Los demócratas de Trump Washington, Diana Negre


En las elecciones de 2016, Donald Trump ganó, en parte, gracias al apoyo de votantes demócratas frustrados con su propio partido y ahora, a dos años de las próximas elecciones, el apoyo por Trump se ha extendido incluso a los directivos del Partido Demócrata, aunque su objetivo sea totalmente opuesto: quieren promover a Trump para mejorar las posibilidades electorales de los candidatos demócratas.
Parece ser que algunos operativos del Partido Demócrata creen que el acercamiento a Trump es tóxico para los republicanos y que su mera presencia es suficiente para impedir mayorías del partido rival en las elecciones parciales que se celebrarán este mes de noviembre.
La consecuencia de esta teoría es que los candidatos parlamentarios favorecidos por Trump reciben también apoyo de miembros del Partido Demócrata, quienes esperan que, por el simple hecho de tener el patrocinio del ex presidente, esos candidatos recibirán menos votos que sus rivales demócratas.
Para el partido que hoy ocupa la Casa Blanca y goza de mayoría en las dos cámaras del Congreso, una victoria de la oposición republicana representaría dos años en la penumbra política, pues si bien mantendría la presidencia hasta las elecciones generales de 2024, el Congreso estaría controlado por los republicanos que podrían anular la mayoría de las iniciativas del presidente Joe Biden o de sus rivales en el Congreso.
Es lo que acostumbra a pasar en las elecciones a la mitad de los mandatos presidenciales, cuando el partido que tiene la presidencia sufre por el desgaste de poder y pierde cantidades importantes de votos en el Congreso. Es lo que le sucedió a Bill Clinton, cuya popularidad personal no fue capaz de proteger a sus correligionarios y se repitió con Barak Obama, quien tuvo que reconocer que habían dado a su partido una paliza electoral.
El Partido Republicano estaba muy confiado en repetir este patrón el próximo noviembre, pues el presidente Biden no es popular y las medidas aprobadas en los dos años de su presidencia han provocado un fuerte rechazo en las filas republicanas y no cuentan con gran apoyo en varios sectores de la población.
Pero los pronósticos no son muy halagüeños: algunas de las últimas encuestas dan a los republicanos un pequeño margen de ventaja de 4 puntos en el Senado, pero van 4 puntos por atrás en la Cámara de Representantes y, si no consiguen el control de ambas cámaras, tampoco podrán maniatar a Biden y su equipo ni impedir que se conviertan en ley los ambiciosos proyectos del Partido Demócrata. Otros sondeos son más favorables, pero la ventaja total de los republicanos no supera en ningún pronóstico los 4 puntos y las proyecciones van bajando cada semana.
Hasta ahora, los candidatos republicanos que contaban con el apoyo de Trump se han impuesto en algunos casos, pero han tenido grandes dificultades y han salido perdedores en otros. Los demócratas confían en que será fácil derrotar a aquellos republicanos que se impusieron en las primarias gracias a la ayuda Trump.


El rayo de luz para los republicanos es su ventaja entre los votantes independientes, que por el momento es de 8 puntos. Otro punto favorable -y novedoso- es el apoyo republicano entre negros, pues las encuestas lo sitúan en el 31%, y alcanza incluso el 42% entre otras minorías.
Las ganancias republicanas son especialmente grandes entre los hispanos, pues los últimos pronósticos indican que el 37% les favorece y este porcentaje podría crecer porque un 22% no se ha decidido. Más inquietantes para los demócratas es que, si las elecciones fueran hoy entre Trump y Biden, el 44% votaría por Trump y el 43% por Biden.
Por otra parte, se podría calcular que las encuestas están algo sesgadas en favor de los demócratas debido al control que ejercen sobre una mayoría de medios informativos.
En el lado positivo para los demócratas es que la opinión en cuanto al presidente Biden, aunque muy baja, va mejorando y se acerca a la que tenía Trump en este momento de su presidencia, después de haber estado muy por debajo en los últimos seis meses y, aunque las elecciones de noviembre no incluyan a la Casa Blanca, todos los presidentes ejercen una influencia sobre los candidatos de su partido.
Tanto republicanos como demócratas tratan ahora intensamente de influir a la opinión pública, tanto con declaraciones y decisiones políticas, como con la ayuda de los medios informativos afines a su partido.
Los demócratas controlan la mayoría de los medios informativos y tienen también la ayuda de Hollywood, aunque este año los republicanos intentan un contra ataque cinematográfico con la difusión de la película “Mi hijo Hunter”, centrada en torno a los vicios y la corrupción del hijo del presidente, Hunter Biden, quien se benefició de los cargos públicos de su padre para obtener beneficios económicos fuera del país y cuyos problemas con la droga son bien conocidos.

Hunter Biden


Es una corrupción que, según la película, no se refiere tan solo al hijo, sino que abarca también al padre, entonces vicepresidente con Barak Obama y beneficiario de los negocios turbios de Hunter Biden.
El recurso al cine no es frecuente entre los republicanos y en este caso la difusión de la película puede quedar frenada por una relativa dificultad en verla y sobre todo por su elevado precio, pues cuesta más de 21 euros verla por internet y de momento no aparece en las salas de cine.
Muchos distrbuidores cinematográficos saben lo que desean y detestan sus principales proveedores y electoralmente, la película perderá totalmente su interés el 8 de noviembre, cuando se celebran elecciones.
Sea cual sea el resultado de este noviembre, la carrera electoral de 2024 para la Casa Blanca empezará casi inmediatamente y la población norteamericana se verá sometida a dos años de bombardeo electoral.

Autor: Diana Negre

Autorizamos la reproducción total o parcial de este artículo a condición de que se mencionen la fuente y el autor: http://www.ghemulariadnei.worldpress.com     y  Diana Negre.

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De la rachete, la gaze/De los misiles al gas

De la rachete, la gaze Washington, Diana Negre


După o jumătate de secol de cursă a înarmărilor din timpul Războiului Rece, care s-a sfârșit cu victoria americană, grație superiorității economice și tehnice a SUA și a aliaților lor occidentali, se pare că războiul a renăscut într-o nouă versiune.
Acest nou război rece nu se mai bazează pe capacitatea ucigătoare a rachetelor, ci pe eficiența tehnică și economică a furnizării de energie.
Ultima înfruntare dintre lumea occidentală democratică și marea putere rusă, controlată de un guvern personal, o trăim în războiul din Ucraina, ale cărui ramificații atacă inima lumii industrializate, deoarece aceasta depinde de niște surse de energii pe care nu le are și pe care e nevoită să le importe.
Reacția occidentală la atacurile rușilor împotriva Ucrainei a arătat o unitate excepțională, însă răspunsul rușilor a fost contondent atunci când au tăiat livrările de gaz pentru Germania, o țară care, în ultimele decenii, și-a tot desființat propriile surse de energie, pentru a depinde tot mai mult de exporturile Moscovei.
Dacă SUA și Europa au reacționat lent, ca de obicei, au făcut-o totuși cu elemente atât de contondente, precum înlocuirea energiei rusești cu cea americană, utilizând resursele marelui colos economic și politic pe care îl constituie SUA.


În principal, e folosit gazul lichefiat pentru a înlocui importurile de gaz rusesc, pe care Moscova le-a tăiat în mod repetat. O chestiune aparte o reprezintă livrările de petrol, deoarece Administrația americană a cerut marilor rafinării din sud-estul țării să nu mai exporte nimic spre Europa, pentru a nu se ajunge în situația unei penurii de benzină pe piețele americane. Acest lucru s-ar putea întâmpla într-un moment foarte inoportun, deoarece ar coincide cu alegerile parlamentare americane din luna noiembrie a acestui an.
O penurie de petrol ar putea duce la o raționalizare a benzinei, așa cum s-a întâmplat în timpul mandatelor lui Richard Nixon, Gerald Ford și Jimmy Carter, făcându-i pe aceștia să-și piardă popularitatea, iar pe cel din urmă, să piardă chiar alegerile.
Însă, cel mai probabil nu va fi o lipsă de benzină, ci prețurile vor crește vertiginos în fața unei cereri foarte mari. Și nu e nevoie de o cerere mare în interiorul SUA, deoarece, în lumea noastră super-conectată, piețele reflectă ceea ce se întâmplă în orice alt loc de pe mapamond.
Este o ironie faptul că această operație este condusă de administrația monocoloră a președintelui Biden, în timp ce exporturile de gaz lichefiat poartă numele de „gazul libertății”, denumire pe care i-a dat-o președintele republican anterior, Donald Trump, urmărit, azi, cu tenacitate de actuala administrație și de majoritatea mijloacelor de informare, deoarece acestea au o clară orientare progresistă. Tocmai în timpul administrației lui Trump, SUA au cules roadele multor ani de prospecții și „fracking”, în obținerea de gaze și petrol.
Cei care își amintesc ultimele bătălii ale Războiului Rece pot avea impresia că au văzut deja filmul acesta: președintele de atunci, Ronald Reagan, a arătat foarte clar că lumea occidentală nu va lupta numai folosind amenințarea cu forța ei militară, căci era evident că un război nuclear nu ar fi adus victoria nimănui, ci doar „o distrugere reciprocă sigură”.
Atu-ul pe care îl avea Reagan a fost superioritatea economica și tehnologică a SUA ceea ce le-a permis să lanseze o nouă cursă a înarmărilor, fără să ruineze țara, în timp ce, pentru Uniunea Sovietică, cheltuielile nu numai că nu puteau fi susținute, dar au accelerat prăbușirea imperiului sovietic.
În ziua de azi, eforturile de a obține avantaje militare continuă. Rușii vorbesc de armele lor hipersonice și lasă să se înțeleagă că lumea occidentală n-are cum să se apere, însă, acum, ca și mai înainte, a folosi asemenea arme ar atrage o replică care ar duce tot la distrugerea reciprocă sigură, așa că este la fel de improbabil că vor fi folosite.
Și tot acum, SUA vin la această înfruntare cu o superioritate economică care le permite, poate, să anuleze sancțiunile pe care Rusia încearcă să le aplice țărilor occidentale.
Washingtonul dispune, acum, de o industrie energetică pe care și-a tot dezvoltat-o în ultimele decenii grație „fracking-ului”, care i-a permis să obțină mari cantități de petrol și gaze. De mult timp țara vorbește de intenția de a exporta gaz lichefiat, la temperaturi joase, și se pare că acum a sosit momentul.
Există deja terminale care funcționează și altele care sunt pe punctul de a intra în funcțiune, și, în plus, există terminale flotante în diferite locuri din Europa. Numărul acestora este în continuă creștere.
Această tehnologie relativ nouă de lichefiere a gazelor, care permite reducerea volumului gazului într-o proporție de 1 la 600, nu este suficientă pentru a compensa total exporturile rusești suspendate. Fiecare vas care transportă gaz poate aproviziona 70.000 de locuințe, ceea ce, în Europa, nu înseamnă mult, deoarece există aici o mare densitate de populație, care are nevoie de căi pentru a menține livrări considerabile și constante.


Pe de altă parte, costurile acestei energii sunt foarte mari în Europa, în comparație cu SUA. Consumatorul american plătește cam a șasea parte din suma plătită de european pentru gaze, deoarece în America nu e nevoie de transporturi la mare distanță, de terminale și de modalități de a reconverti gazul lichefiat.
Cu toate aceste limitări, exporturile americane pot schimba calculele Moscovei referitoare la tăierile livrărilor spre Europa, care reprezintă răspunsul rușilor la sancțiunile occidentale.
Importanța lor poate depăși necesitățile energetice europene și se pot compara cu încleștarea de acum jumătate de secol dintre Washington și Moscova, care s-a sfârșit cu victoria occidentală în Războiul Rece.
Pentru SUA, totuși, situația poate fi mai puțin favorabilă decât atunci: pe de o parte, Rusia nu mai este atât de săracă cum a fost URSS, căci, de mai mult de două decenii, încasează prețuri substanțiale pentru petrol. În plus, în acel Război Rece existau doar doi actori, Washingtonul și Moscova. Acum și-a făcut apariția un nou element, China, care probabil va aștepta cu proverbiala ei răbdare să vadă cine va fi învingătorul din această nouă încleștare, pentru a culege rămășițele învingătorului.

Autorul articolului: Diana Negre

Autorizăm reproducerea totală sau parțială a acestui material cu condiția menționării sursei: http://www.ghemulariadnei.wordpress.com și autorului: DIANA NEGRE… precum și păstrării formei originale/nealterării prin asociere cu alte materiale străine, nesemnate sau publicate sub semnătura autorului, în cadrul aceluiași articol.

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De los misiles al gas Washington, Diana Negre


Después de medio siglo en una carrera de armamentos durante la Guerra Fría, que acabó con una victoria norteamericana, gracias a las superioridad económica y técnica de Estados Unidos y sus aliados occidentales, parece que la guerra ha revivido en una versión nueva.
Esta nueva Guerra Fría ya no se basa en la capacidad mortífera de los mísiles, sino en la eficiencia técnica y económica para suministrar las necesidades energéticas.
El último enfrentamiento entre el mundo occidental democrático y la gran potencia rusa, controlada por un gobierno personal lo estamos viviendo en la guerra de Ucrania, cuyas ramificaciones atacan el corazón del mundo industrializado, porque depende de unas fuentes de energía que no tiene y que ha de importar.
La reacción occidental a los ataques rusos contra Ucrania mostró una unidad excepcional, pero la respuesta rusa ha sido contundente al cortar los suministros de gas a Alemania, un país que, en las últimas décadas, ha ido eliminando sus propias fuentes de energía, para depender, cada vez más, de las exportaciones de Moscú.
Si Estados Unidos y Europa reaccionaron lentamente, como es habitual, lo hicieron con elementos tan contundentes, como la substitución de la energía rusa por la norteamericana, porque utiliza los recursos del gran coloso económico y político que son los EEUU.
Es principalmente el gas licuado lo que se emplea para substituir las importaciones rusas, que Moscú ha cortado repetidamente. Cuestión aparte es la de los suministros de petróleo, pues la Administración norteamericana ha pedido a las grandes refinarías del sureste del país que no exporten a Europa, para evitar que llegue a faltar gasolina en los mercados norteamericanos. Es algo que ocurriría en un momento muy inoportuno, porque coincidiría con las elecciones parlamentarias norteamericanas de este noviembre.
Una escasez de petróleo podría llevar a un racionamiento de la gasolina, algo que ocurrió durante las presidencias de Richard Nixon, Gerald Ford y Jimmy Carter y contribuyó a su falta de popularidad y la derrota electoral de este último.
Pero, lo más probable no es que falte gasolina, sino que los precios suban ante la fuerte demanda. Y no es necesario que sea demanda dentro de Estados Unidos, porque, en nuestro mundo super conectado, los mercados reflejan lo que ha ocurrido en cualquier otro lugar.
No deja de ser irónico que esta operación esté liderada por el gobierno monocolor demócrata del presidente Biden, cuando las exportaciones de gas licuado llevan el nombre de “gas de la libertad”, un título que le puso el anterior presidente republicano, Donald Trump, perseguido hoy de forma tenaz por la actual administración y la mayoría de los medios informativos, pues estos tienen un claro sesgo progresista. Fue durante su administración cuando Estados Unidos logró los frutos de años de prospecciones y “fracking”, para obtener gas y petróleo.


Quienes recuerdan las últimas batallas de la Guerra Fría, pueden tener la impresión de que ya han visto esta película: el entonces presidente, Ronald Reagan, dejó muy claro que el mundo occidental no iba a luchar solamente con la amenaza de su poderío militar, pues era evidente a todos que una guerra nuclear no podría aportar victorias a nadie sino la “destrucción mutua asegurada”.
La baza con la que jugó Reagan fue la superioridad económica y tecnológica de Estados Unidos que le permitía lanzar una nueva carrera de armamentos sin arruinar al país, mientras que, para la Unión Soviética, el gasto era imposible de sustentar y aceleró la caída de su imperio.
Hoy en día, los esfuerzos por las ventajas militares no han desaparecido. Los rusos hablan de sus armas hipersónicas y dan a entender que el mundo occidental no tiene manera de defenderse contra ellas, pero, ahora como entonces, el uso de semejantes armas también traería una respuesta que llevaría a la misma destrucción mutua asegurada, por lo que es igualmente improbable que se lleguen a emplear.
Pero también ahora Estados Unidos acude al enfrentamiento con una superioridad económica que le permite anular, tal vez, las sanciones que Rusia trata de imponer a los países occidentales.
Esta vez, Washington cuenta con la industria energética que ha ido desarrollando en las últimas décadas gracias al “fracking”, que le ha permitido obtener grandes cantidades de petróleo y gas. Hace ya tiempo que el país habla de exportar su gas en forma licuada, a muy bajas temperaturas y ahora ha llegado este momento.
Hay terminales ya en funcionamiento y otras a punto de entrar en servicio, pero además, hay ahora terminales flotantes en varios lugares de Europa y su número irá en aumento.
Esta tecnología relativamente nueva para licuar el gas, que permite reducir el volumen de gas en una proporción de 1 a 600, no es suficiente para compensar totalmente las exportaciones rusas suspendidas. Cada barco con transporte de gas puede alimentar 70.000 viviendas, pero esto no es mucho en Europa, porque tiene una gran densidad de población y ha de buscar vías de mantener suministros elevados y constantes.
Por otra parte, el costo de esta energía es muy elevado en Europa, comparado al Estados Unidos. El consumidor americano viene a pagar aproximadamente la sexta parte que el europeo por el gas, ya que puede utilizar sin necesidad de transporte a grandes distancias y sin las terminales y los métodos para reconvertir el gas licuado.
A pesar de estas limitaciones, las exportaciones norteamericanas pueden cambiar los cálculos de Moscú con respecto a su política de cortar los suministros a Europa, que es la respuesta rusa a las sanciones occidentales.
Su trascendencia puede ir mucho más allá que las necesidades energéticas europeas y pueden ser comparables al pulso de hace casi medio siglo entre Washington y Moscú, que acabó con la victoria occidental en la Guerra Fría.
Para Estados Unidos, sin embargo, la situación puede ser menos favorable que entonces: por una parte, Rusia ya no es tan relativamente pobre como la URSS, pues lleva más de dos décadas cobrando precios elevados por el petróleo. Además, en aquella Guerra Fría había dos actores, pues Washington no tenía más rival que Moscú. Ahora ha entrado un nuevo elemento, China, que probablemente va a esperar con su proverbial paciencia a ver quién sale victorioso de este nuevo pulso para recoger los despojos del vencido.

Autor: Diana Negre

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Milioane de fasciști/Millones de fascistas

Milioane de fasciști Washington, Diana Negre


Președintele american, Joe Biden, pare convins că partidul său democrat va avea suficient sprijin popular pentru a se putea impune la viitoarele alegeri parlamentare, peste două luni, ceea ce îi va permite să dispună în continuare de majoritatea necesară pentru a-și putea duce la îndeplinire ambițioasele reforme politice inițiate acum mai bine de un an.
Contrar a ceea ce se întâmplă de obicei la doi ani după venirea președintelui la Casa Albă, există motive să se creadă, că, de data aceasta nu opoziția, ci cei de la putere vor câștiga viitoarele alegeri parlamentare, păstrându-și, astfel, controlul asupra legislativului.
Pentru Biden, importanța acestei victorii s-a evidențiat săptămâna trecută, atunci când a rostit un discurs, la sfârșitul vacanței de vară, moment care reprezintă și intrarea în linie dreaptă pentru alegerile parlamentare.
În acest discurs, a condamnat în masă Partidul Republican pentru sprijinul acordat fostului președinte, Donald Trump. Biden a afirmat că orice adept al fostului președinte Trump este, în realitate, un fascist care amenință democrația și stabilitatea politică a SUA: „republicanii nu respectă Constituția, nu cred în domnia legii, nu recunosc voința poporului”, a spus în discursul său din joia trecută, cu toate că a nuanțat că nu toți republicanii pot fi acuzați, ci numai aceia care îl sprijină pe Trump.
Problema cu un asemenea punct de vedere este că sprijinitorii lui Trump au fost la ultimele alegeri, peste 68 de milioane, un număr într-adevăr extraordinar de fasciști care se preumblă pe străzi și iau decizii politice și economice în guvernele statale republicane, care dețin puterea în 28, din cele 50 de state americane.
Pe de altă parte, nu toți republicanii sunt fasciști, a explicat Biden, căci nu toți îl sprijină pe fostul președinte Trump. Aici, a nimerit-o: printre republicani au existat, deja înainte de alegerile anterioare, grupuri care s-au opus milionarului new-yorkez, până într-atât, încât au trecut liniile și au votat cu democrații.
Însă, acest transfer electoral nu a fost numai într-un singur sens, căci și printre democrații de rând au fost unii care au mers cu republicanii, devenind, astfel, în mod automat, fasciști, după spusele lui Biden.
Atracția populară față de Trump s-a datorat, întotdeauna, limbajului său super-simplu și apelurilor sale de a respecta instituțiile tradiționale, cum este, de pildă, familia, sau de a apăra poziții pe care le sprijină ample sectoare ale populației, cum este posesia individuală de arme. Faptul că nu-l simpatizează pe Trump clasele înalte, rafinate, este un lucru știut și chiar reciproc, căci nici Trump nu le iubește, iar, în prezent, au o evoluție prielnică, deoarece majoritatea sondajelor indică un avânt al Partidului Democrat și posibilitatea ca acesta să câștige viitoarele alegeri.


Ar fi un lucru excepțional, deoarece, la aceste alegeri de la jumătatea mandatului prezidențial, de obicei, opoziția este cea care culege cele mai multe voturi. Dacă va fi așa, Partidul Democrat își va păstra micile majorități de care dispune în ambele camere, putând să-și continue, astfel, programele de reforme politice, care vor lăsa o importantă amprentă în modul de viață al țării.
Totuși, riscul ca în noiembrie viitor, să se repete schema obișnuită a acestor alegeri rămâne considerabil și de aceea, Biden a apelat la audiența sa democrată, îndemnând-o, în mod repetat, să voteze: „votați, votați, votați” le-a spus în discursul său.
Alocuțiunea lui Biden ar putea să-i aducă un prejudiciu, deoarece a atacat nemilos aproape jumătate din electorat, provocând mari resentimente printre republicanii și printre independenții care l-au votat pe Trump, acum 6 ani.
A fost, de asemenea, un discurs surprinzător: acest gen de alocuțiuni niciodată nu sunt spontane, ci sunt rezultatul unei munci de săptămâni sau luni din partea echipelor prezidențiale. În cazul lui Biden, un președinte vizibil controlat de anturajul său din cauza aparentei sale senilități, este normal să ne întrebăm care este motivul pentru care asesorii săi lansează un atac cu un posibil efect negativ asupra electoratului pe care tocmai vrea să-l câștige.
Deja în 2016, mulți democrați au răspuns greșelilor din campania electorală a candidatei democrate, Hillary Clinton, care i-a etichetat de „oameni deplorabili” pe democrații care simpatizau cu unele poziții ale lui Donald Trump, cum sunt apărarea valorilor familiale, viața tradițională în zonele rurale sau posesia armelor.
Rezultatul a fost un transfer de voturi care l-a adus la Casa Albă pe milionarul newyorkez. A fost o versiune modernă a acelor „Reagan democrats”, alegătorii democrați care au trecut la celălalt partid, în 1980, și l-au adus pe republicanul Ronald Reagan la Casa Albă.
Pentru democrați, problema la viitoarele alegeri nu va fi numai acest transfer, ci masa relativ mică a nehotărâților și independenților, care, în general, dețin cheia succesului, deoarece diferențele de voturi dintre cele două partide nu sunt mari. Mulți dintre ei au votat pentru Trump, în 2016, iar a-i califica pe toți acești oameni de fasciști nu-i câștigă pentru cauza democrată.

Autorul articolului: Diana Negre

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Millones de fascistas Washington, Diana Negre


El presidente norteamericano, Joe Biden, parece confiado en que sus correligionarios demócratas tendrán suficiente apoyo popular para imponerse en las elecciones parlamentarias, convocadas dentro de dos meses, lo que le permitiría mantener el apoyo político que necesita para llevar a cabo las ambiciosas reformas políticas lanzadas hace ya más de un año.
Los demócratas contaron varios millones de votos más que los republicanos en las últimas elecciones presidenciales de 2020 y, contrariamente a lo que acostumbra a suceder a los dos años de la llegada a la Casa Blanca de un nuevo presidente, tienen razones para creer que esta vez no se seguirá el patrón habitual favorable a la oposición, sino que, por el contrario, son ellos quienes ganarán las próximas elecciones parlamentarias y podrán, así, mantener el control legislativo.
La importancia para Biden de esta victoria quedó manifiesta esta semana, cuando pronunció un discurso coincidente con el fin de las vacaciones de verano, que es también cuando empieza la recta final para las elecciones parlamentarias.
En este discurso, condenó en masa al Partido Republicano por su apoyo al ex presidente, Donald Trump, y dijo que cualquier partidario del ex presidente Trump es en realidad un fascista que amenaza la democracia y estabilidad política de Estados Unidos: “los republicanos no respetan la Constitución, no creen en el imperio de la ley, no reconocen la voluntad del pueblo”, dijo en su discurso del pasado jueves, si bien matizó que no se podía acusar a todos los republicanos, sino tan solo a aquellos que dan apoyo a Trump.
El problema con semejante planteamiento es que los seguidores de Trump en las últimas elecciones eran más de 68 millones, un número realmente extraordinario de fascistas deambulando por las calles y tomando decisiones políticas y económicas desde los gobiernos estatales republicanos que ocupan el poder en 28 de los 50 estados americanos.
Por otra parte, no todos los republicanos son fascistas, explicó Biden, pues no todos apoyan al ex presidente Trump. Es algo en que estaba totalmente acertado: entre los republicanos existen ya desde antes de las elecciones anteriores grupos que se oponen al millonario neoyorkino, hasta el punto de que han cruzado filas para votar junto con los demócratas.
Pero este trasvase electoral no es en un solo sentido, sino que entre los demócratas de a pie también hubo quienes se marcharon con los republicanos, lo que ya les ha convertido automáticamente en fascistas, según la posición planteada por Biden en su discurso.
La atracción popular de Trump se ha debido siempre a su lenguaje super sencillo y también su llamado a respetar instituciones tradicionales, como la familia, o defender posiciones que apoyan amplios sectores de la población, como la tenencia individual de armas. Que las clases altas refinadas sienten pocas simpatías por Trump es cosa sabida-y reciprocada por Trump y en estos momentos parece que tienen el viento en popa, pues la mayoría de las encuestas apuntan a un remonte del Partido Demócrata y a la posibilidad de que las próximas elecciones le sean favorables.
Esto sería excepcional, pues lo habitual es que en este tipo de elecciones a la mitad del término presidencial, la oposición es la que más votos recoge. De ser así, el Partido Demócrata mantendría las pequeñas mayorías de que dispone en ambas cámaras y con esto podría continuar su programa de reformas políticas con las que espera dejar una huella importante en la forma de vida del país.
Pero el riesgo de que noviembre repita el patrón habitual de otras elecciones semejantes sigue siendo grande y por esto Biden apeló a su audiencia demócrata, exhortándola repetidamente a que vote: “votad, votad, votad” les dijo en su discurso.


La alocución de Biden podría igualmente ser perjudicial, pues atacó despiadadamente nada menos que a casi la mitad del electorado y ha provocado ya un gran resentimiento tanto entre los republicanos como entre los independientes que dieron su voto a Trump hace 6 años.
También es un discurso sorprendente: este tipo de alocuciones no son nunca espontáneas, sino producto de semanas o meses de trabajo de los equipos presidenciales. En el caso de Biden, un presidente a todas vistas controlado por su entorno debido a su aparente senilidad, uno se pregunta cuál es el motivo de sus asesores para lanzar un ataque que puede tener un efecto negativo sobre el electorado que desea ganar.
Ya en 2016, muchos demócratas respondieron a los errores de la campaña electoral de la candidata demócrata Hillary Clinton, quien calificó de “sarta de gente deplorable” a los demócratas que sentían simpatías por algunas posiciones de Donald Trump como la defensa de los valores familiares, la vida tradicional en las zonas rurales o la tenencia de armas.
El resultado fue un trasvase de votos que llevó a la Casa Blanca al millonario neoyorkino. Fue una versión nueva de los “Reagan democrats”, los votantes demócratas que se pasaron de partido en 1980 y pusieron al republicano Ronald Reagan en la Casa Blanca.
Pero el problema para los demócratas en las próximas elecciones no radica únicamente en este trasvase, sino en la masa relativamente pequeña de indecisos e independientes, quienes generalmente tienen la clave del éxito, pues no hay gran diferencia en votos entre los dos grandes partidos. Muchos de ellos votaron por Trump en 2016 y calificar a toda esta gente de fascistas no promete ganárselos para la causa demócrata.

Autor: Diana Negre

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Nu te baza pe mine/No cuentes conmigo

Nu te baza pe mine Washington, Diana Negre


După ce a ațâțat tensiunile dintre Rusia și Ucraina, după ce i-a presat pe aliații europeni să sancționeze Rusia și i-a sfătuit să înlocuiască energia rușilor cu gazul lichefiat american, guvernul președintelui Biden le cere, acum, rafinăriilor americane să-și suspende exporturile de petrol.
Într-o scrisoare adresată celor șapte cele mai mari rafinării din țară, secretara pentru Energie, Jennifer Granholm, semnalează că rezervele de benzină și motorină sunt foarte puține și nu este momentul ca acestea să fie reduse și mai mult prin exporturi. Adică, țările europene s-ar putea trezi fără livrările americane de produse petroliere, tocmai după ce au renunțat la furnizorul lor obișnuit, care a fost Rusia.
Se pare că administrația președintelui Biden se teme că îi va lipsi combustibilul peste puțin timp, când vor începe să sosească uraganele pe coasta atlantică a SUA, iar rafinăriile din regiunea golfului se vor vedea nevoite să închidă sau vor suferi mari avarii care le vor paraliza activitatea. Sunt probleme care se repetă an de an.
Desigur, inventarele sunt la un nivel scăzut, iar pericolul dacă se fac livrări există. Și chiar poate fi grav pentru o țară cum sunt SUA, cu distanțe mari și condiții atmosferice extreme, dar, este la fel de adevărat că preocupările Casei Albe au și un aspect electoral: lipsa benzinei are ca efect creșterea prețurilor, ceea ce poate prejudicia partidul președintelui la viitoarele alegeri legislative din luna noiembrie.
Unul dintre motivele de nemulțumire populară, conform sondajelor, este inflația care îi afectează pe americani, aproape tot atât cât și pe europeni. O componentă a acestei inflații este prețul combustibilului, o cheltuială care cântărește mult în bugetul familiei, căci, datorită distanțelor și puținei densități a populației, americanii dispun de foarte puțin transport public și depind de automobilul lor propriu pentru a se deplasa.
Recent, prețul benzinei a scăzut în SUA, în bună parte printr-o reducere generală a costurilor materiilor prime, însă situația s-ar putea schimba rapid dacă va lipsi combustibilul în sezonul uraganelor. Aceasta s-ar întâmpla, din nefericire pentru partidul președintelui, puțin înainte de alegerile parlamentare din noiembrie.
De fapt, lipsa combustibilului se datorează mai mult unei serii de măsuri luate de președintele Biden la începutul guvernării sale, când nimeni nu se gândea la vreun război în Ucraina: a redus considerabil capacitatea de rafinare, a tăiat conductele de petrol și a oprit prospectările de gaze și petrol în anumite părți ale țării.

Gaze risipite ostentativ de ruși


În vremea aceea, Casa Albă răspundea presiunilor unor grupuri ecologiste cărora le făcuse promisiuni electorale. Acum, orice corectare a acestei politici ar avea un mare preț politic din cauza nemulțumirilor din rândurile proprii și, probabil, nu ar veni la timp pentru a rezolva imediat problema – și nici consecințele ei electorale.
Astfel că, modalitatea cea mai rapidă de a-i pune un petic este suspendarea exporturilor. În felul acesta, lipsa de combustibil o vor resimți aliații europeni – dacă, într-adevăr întreprinderile americane se vor supune avertizărilor Casei Albe. Poate că exportatorii nu vor dori să urmeze recomandările secretarei pentru Energie pentru a nu-și strica relațiile comerciale cu Europa, însă Administrația americană poate să pună piedici în mod legal întreprinderilor americane și să le oblige să-și reducă sau chiar să-și suspende exporturile.
Pe de altă parte, nu există garanții că această cerere, dacă este urmată, va servi, într-adevăr, la reducerea prețului combustibililor în SUA. În America, la fel ca în Europa, analiștii cred că, dacă exporturile se vor reduce, prețurile vor urca la nivel mondial. Căci SUA nu vor rămâne în afara curentelor internaționale.
Poate, această manevră îi va aduce niște beneficii electorale partidului lui Biden, însă, de partea aceasta a Atlanticului nu poate avea decât repercusiuni negative: țările membre ale NATO ar putea vedea în Washington un asociat mai puțin ferm decât Moscova, pe care nu te poți baza, și care te părăsește atunci când îi convine.
Mulți își vor aminti că tocmai acest lucru li s-a întâmplat aliaților SUA în Vietnam sau în Afganistan.

Autorul articolului: Diana Negre

Autorizăm reproducerea totală sau parțială a acestui material cu condiția menționării sursei: http://www.ghemulariadnei.wordpress.com și autorului: DIANA NEGRE… precum și păstrării formei originale/nealterării prin asociere cu alte materiale străine, nesemnate sau publicate sub semnătura autorului, în cadrul aceluiași articol.

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No cuentes conmigo Washington, Diana Negre


Después de atizar las tensiones entre Rusia y Ucrania, presionar a los aliados europeos a que sancionen a Rusia y aconsejarles que substituyan la energía rusa por gas licuado norteamericano, el gobierno del presidente Biden pide ahora a las refinerías norteamericanas que suspendan las exportaciones de petróleo.
En una carta a las siete refinerías mayores del país, la secretaria de Energía, Jennifer Granholm, señala que las reservas de gasolina y de diesel son muy bajas y no es momento de reducirlas aún más con exportaciones. Esto significa que los países europeos podrían encontrarse sin los suministros norteamericanos de productos petroleros, al mismo tiempo que les faltan los de su proveedor habitual, que había sido principalmente Rusia.
Parece ser que la administración del presidente Biden teme que falte combustible dentro de poco tiempo, cuando los huracanes empiecen a llegar a la costa atlántica de Estados Unidos y las refinerías de la región del golfo se vean obligadas a cerrar o sufran grandes desperfectos que paralicen sus operaciones. Son problemas que se repiten cada año.
Ciertamente, los inventarios son bajos y el peligro para los suministros existe. Y puede ser grave en un país como EEUU, de grandes distancias y con unas condiciones atmosféricas extremas, pero también es cierto que las preocupaciones de la Casa Blanca tienen además un cariz electoral: la escasez de gasolina produce una subida de precios que puede perjudicar al partido del presidente en las próximas elecciones legislativas de noviembre.
Uno de los motivos de descontento popular, según todas las encuestas, es la inflación que aflige a los norteamericanos casi tanto como a los europeos. Un componente de esta inflación es el precio del combustible, un gasto que pesa mucho en el presupuesto familiar, pues debido a las distancias y la escasa densidad de población, los norteamericanos tienen poco transporte público y dependen de su automóvil para desplazarse.
Los precios de la gasolina bajaron recientemente en Estados Unidos, en buena parte por una reducción general de costos de materias primas, pero la situación podría cambiar rápidamente si falta combustible en la época de huracanes. Y es algo que, desafortunadamente para el partido del presidente, ocurriría poco antes de las elecciones parlamentarias de noviembre.
En realidad, la falta de combustible se debe más a una serie de medidas tomadas por el presidente Biden al principio de su gobierno, cuando nadie pensaba en la guerra de Ucrania: eliminó capacidad de refinado, cortó las líneas de oleoductos y cerró parte del país a nuevas prospecciones de gas y petróleo.
En aquellos momentos, la Casa Blanca respondía a las presiones de grupos ecologistas a quienes había hecho promesas electorales. Ahora, corregir esta política tendría un elevado precio político por el descontento en las propias filas y probablemente no llegaría a tiempo para resolver el problema inmediato -ni sus consecuencias electorales.

Gases despilfarrados por los rusos


De manera que la modalidad más rápida de poner un parche es suspender las exportaciones. De esta forma, la falta de combustible la notarán los aliados europeos -si es que las empresas norteamericanas escuchan las advertencias de la Casa Blanca. Tal vez los exportadores no quieran seguir las recomendaciones de la ministra para no dañar sus relaciones comerciales en Europa, pero la Administración norteamericana puede legalmente poner trabas suficientes a las empresas de Estados Unidos como para obligarlas a reducir o suspender las exportaciones.
Por otra parte, no hay garantías de que esta petición, si es atendida, sirva para reducir el precio de los combustibles en Estados Unidos. Allí, como en Europa, los analistas creen que si las exportaciones se reducen los precios subirían a nivel mundial. Y Estados Unidos no quedaría al margen de las corrientes internacionales.
Tal vez la maniobra aporte beneficios electorales al partido de Biden, pero no puede tener más que repercusiones negativas al otro lado del Atlántico: los países de la OTAN podrían ver a Washington como un socio menos fiable que Moscú y que los abandona cuando le conviene.
Muchos recordarán que precisamente esto es lo que les ocurrió a los aliados de Estados Unidos en Vietnam o Afganistán.

Autor: Diana Negre

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UN MARȘ LUNG/UNA LARGA MARCHA

UN MARȘ LUNG Washington, Diana Negre


Acum mai mult de jumătate de secol, un grup de studenți germani progresiști, luând ca model „marșul cel lung” al lui Mao Tse Tung în China pentru a-și stabili centrul de putere în nordul țării, a sugerat „un lung marș prin instituții”, pentru a modifica societatea și a înlătura ceea ce era perceput ca nedreptate în Germania.
Acest marș visat de studenții germani pare să-și fi atins obiectivele în ample sectoare ale societății americane, care, acum, par a fi dispuse să dea o nouă orientare țării lor. Dacă acest lucru se realizează, ar fi tot atât de revoluționar ca înființarea Uniunii Americane de către cele 13 colonii britanice, acum mai mult de două secole și jumătate.
Aceste sectoare, formate mai ales din funcționari și academicieni de orientare politică progresistă și radicală, consideră că forma de guvernare din SUA și Constituția lor sunt învechite, la fel ca toate piedicile care stau în calea reformelor constituționale de când s-a înființat țara.
Dorința de a înfăptui reforma este profundă și ușor de cunoscut, deoarece promotorii ei explică în mijloacele de informare de mare circulație, cum este ziarul The New York Times, unde dispun de o tribună favorabilă pentru a-și explica ideile. Au, de asemenea, audiență în unele instituții politice progresiste, unde pot să țină conferințe și să-și facă cunoscute tezele, precum și în cele mai prestigioase universități din țară.
Particularitățile caracteristice ale Constituției SUA, diferite în unele aspecte de sistemele democratice europene, nu prea sunt cunoscute în afara țării și se datorează caracteristicilor acestei națiuni-continent. Distribuția locuitorilor săi este foarte diferită de cea din majoritatea țărilor europene, căci, pe lângă o densitate a populației mult mai mică, se distribuie între zone cu o relativă aglomerație și ample întinderi semi-depopulate.
O asemenea situație reprezintă un dezavantaj pentru locurile unde populația e rară, deoarece voturile ei sunt mult mai puține decât în concentrările industriale și urbane, astfel că, practic, nu poate influența guvernarea în țară și este nevoită să accepte deciziile venite din locuri cu nevoi și interese diferite.
Pentru a evita acest lucru, Constituția a stabilit un sistem care să compenseze aceste diferențe de populație prin voturile din Senat, care favorizează relativ statele nepopulate, deoarece dispun de același număr de voturi în Camera Superioară ca regiunile cu mulți locuitori. Astfel, state precum California, cu aproape 40 de milioane de locuitori, sunt reprezentate de doi senatori, la fel cum este Connecticut, care are numai 3,5 milioane.
Reformarea Constituției nu este ușor de înfăptuit, deoarece, odată aprobat de Congres, orice amendament trebuie să fie confirmat de două treimi din ambele camere și ratificat de trei sferturi din cele 50 de state americane. Cu toate aceste dificultăți, este ceva ce s-a putut realiza în 27 de ocazii.
Interpretarea Constituției stârnește dispute care, până la urmă, sunt arbitrate de Tribunalul Suprem, un organism independent format din 9 magistrați numiți pe viață direct de președintele țării și confirmați de Senat.

Thomas Jefferson

Toate acestea creează un anumit imovilism, care, probabil, a fost dorit de fondatorii țării și care, până acum, a fost util pentru americani, transformați din cele 13 colonii agrare din secolul al XVIII-lea, în cea mai mare putere economică, industrială și militară din lume.
Dar, imovilismul nu este o caracteristică americană, deoarece în SUA nu prisosește nici răbdarea și nici tradiția. Acum, mișcările progresiste vor să elimine influența Tribunalului Suprem în privința deciziilor constituționale și să amendeze Constituția, astfel încât să nu mai favorizeze statele cu populație mică.
Este ușor să ne imaginăm rezistența de care se izbesc asemenea propuneri, atât în zonele cu populație puțină, cât și în sectoarele conservatoare ale țării. Este evident, de asemenea, că opoziția la asemenea schimbări va declanșa lupte pentru a le împiedica și, în orice caz, aceste posibile modificări dorite de progresiști vor influența atât alegerile prezidențiale, cât și pe cele parlamentare.
Aceste dezbateri se duc deja în mijloacele de informare și în rețelele sociale, unde tocmai zonele mai populate au un avantaj natural, datorită numărului participanților și a influenței lor culturale: acolo se află cele mai mari universități, concentrările de funcționari și de mijloace de informare.
Pentru America mai puțin locuită și pentru conservatori va fi viitoarea mare bătălie. Dacă pierd, va fi ultima înainte de a ceda teren unor sisteme mai apropiate de cele pe care le cunoaștem în Europa, atât de admirate de elitele intelectuale din țară.
Cu toate că aceste propuneri de reformă sunt noi, ele reprezintă o continuare a mișcării inițiate de ceva timp și care a declanșat reacții împotriva unor locuri și personaje simbolice, soldate cu dărâmarea unor statui ale unor foști eroi în istoria țării și care amenință să cuprindă și personaje ca Thomas Jefferson, principalul autor al Declarației de Independență, și chiar pe primul președinte al țării, George Washington, generalul care a învins trupele britanice, creându-se, astfel, Uniunea Americană.
Este ca și cum ar fi interzis Don Pelayo, cel care i-a învins pe mauri la Covadonga (până atunci învingeau tot timpul maurii!) sau în Catalonia, Wifredo el Velloso, un întemeietor al independenței acestei regiuni. (Este ca și cum, în România, l-am interzice pe Ștefan cel Mare și pe Mihai Viteazul.)

Autorul articolului: Diana Negre

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UNA LARGA MARCHA Washington, Diana Negre


Hace más de medio siglo, un grupo de estudiantes progresistas alemanes, tomando como modelo la “larga marcha” de Mao Tse Tung en China para establecer su centro de poder en el norte del país, sugirió una “larga marcha a través de las instituciones” para modificar la sociedad y eliminar lo que percibían como injusticias en Alemania.
Esta marcha soñada por los estudiantes alemanes parece haber logrado sus objetivos en amplios sectores de la sociedad americana que ahora parecen dispuestos a dar un nuevo rumbo a su país. De realizarse, sería tan revolucionario como el establecimiento de la Unión Americana a cargo de las 13 colonias británicas hace más de dos siglos y medio.
Estos sectores, principalmente funcionarios y académicos de orientación política progresista y radical, consideran obsoleta la forma de gobierno de Estados Unidos y su Constitución, así como todas las trabas que dificultan las reformas constitucionales desde que nació el país.
Los deseos de reforma son profundos y fáciles de conocer, pues sus promotores los explican en los medios informativos de gran circulación, como puede ser el diario New York Times, donde tienen una tribuna favorable para explicar sus ideas. También tienen una audiencia en instituciones políticas progresistas, donde pueden dar conferencias y divulgar sus tesis, así como en las universidades de más prestigio del país.
Las peculiaridades de la Constitución de Estados Unidos, diferente en algunos aspectos de los sistemas democráticos europeos, no son bien conocidos fuera del país y se deben a las características de esta nación-continente. La distribución de sus habitantes es muy distinta a la mayor parte de países europeos, pues además de una densidad de población mucho menor, se reparten entre zonas de relativa aglomeración y vastas extensiones semidespobladas.
Una situación semejante representa una desventaja para los lugares donde vive poca gente, pues sus votos son necesariamente mucho menos que en las concentraciones industriales y urbanas, de forma que prácticamente no tienen manera de influir en el gobierno de su país y han de aceptar las decisiones de lugares con necesidades e intereses diferentes.
Para evitar esto, la Constitución estableció un sistema que compensara estas diferencias de población mediante los votos del Senado, que favorecen relativamente a los estados despoblados, pues cuentan con el mismo número de votos en la cámara alta que los lugares con muchos residentes. De esta forma, estados como California, con casi 40 millones de habitantes, están representados por dos senadores, el mismo número que Connecticut, con tan solo 3.5 millones.

George Washington

Y reformar la Constitución no es cosa fácil, pues una vez aprobada en el Congreso, cualquier enmienda ha de ser confirmada por los dos tercios de ambas cámaras y ratificada por las tres cuartas partes de los 50 estados norteamericanos. Es algo que, a pesar de las dificultades, se logró en 27 ocasiones.
Interpretar la Constitución es fuente de disputas que acaban siendo arbitradas en el Tribunal Supremo, un organismo independiente de 9 magistrados con cargos de por vida, nombrados directamente por el presidente y confirmados por el Senado.
Todo esto garantiza un cierto inmovilismo, algo que probablemente desearon los fundadores del país y que, hasta ahora, ha sido útil a los norteamericanos, convertidos de las 13 colonias agrarias del siglo dieciocho en la mayor potencia económica, industrial y militar del mundo.
Pero el inmovilismo no es un rasgo norteamericano, pues en este país no abundan ni la paciencia ni la tradición. Ahora, los movimientos progresistas quieren eliminar la influencia del Supremo sobre las decisiones constitucionales y enmendar la Constitución de forma que ya no favorezca a los estados despoblados.
Es fácil imaginar la resistencia que semejantes propuestas encuentran, tanto en las zonas de escasa densidad, como en los sectores conservadores del país. También es evidente que la oposición a semejantes cambios provocará luchas para impedirlos y, en cualquier caso, estas posibles modificaciones deseadas por los progresistas influirán tanto en las elecciones presidenciales como las parlamentarias.
Pero este debate es ya continuo en los medios informativos y en las redes sociales, donde precisamente las zonas más pobladas tienen una ventaja natural por el número de participantes y por su influencia cultural: allí están las mayores universidades, la concentración de funcionarios y de medios informativos.
Para la América vaciada y para los conservadores es la próxima gran batalla y, si la pierden, la última antes de ceder el terreno a sistemas más próximos a los que conocemos en Europa y que tanto admiran las élites intelectuales del país.


Aunque estas propuestas de reforma son nuevas, solamente son la continuación del movimiento empezado hace tiempo y que provocó en los últimos años movimientos contra lugares y personajes simbólicos, con el derribo de estatuas de personajes que habían sido héroes en la historia del país y que amenazan con extenderse a personajes como Thomas Jefferson, principal autor de la Declaración de Independencia, o incluso al primer presidente del país, George Washington, el general que derrotó a las tropas británicas y permitió la constitución de la Unión Americana.
Es como si Covadonga prohibiera a Don Pelayo, o Catalunya a Wifredo el Velloso.

Autor: Diana Negre

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Dinastii politice/Dinastías políticas

Dinastii politice Washington, Diana Negre

John Adams

Dinastii au existat în țări de pe toate latitudinile și ele au adus câteva familii la instanțe maxime ale guvernării, însă, nimeni nu le găsește în emisfera americană, unde, după epoca colonială, s-au instaurat republici pe tot continentul.
Mai ales în statul cel mai stabil și puternic pe care îl formează SUA, unde, până acum, au fost 46 de președinți aleși democratic, luându-se în considerare meritele și promisiunile lor, însă nu și originea lor familială.
Însă, lucrurile s-au schimbat, și, în SUA, au început să se formeze dinastii ai căror membri au mult mai multe posibilități decât restul muritorilor de a obține președinția țării.
Încă de la începuturi, în SUA a existat o apropiere de putere din partea uneia și aceleiași familii, atunci când John Quincy Adams a devenit președinte, adică, 24 de ani după tatăl său, John Adams, care, după ce a fost vicepreședinte în timpul lui George Washington, i-a urmat în funcție, devenind cel de al doilea președinte al SUA.
A trecut ceva timp, adică 76 de ani, până și-a făcut intrarea următoarea dinastie, cea a familiei Roosevelt, când un văr de-al președintelui Theodore Roosevelt a ajuns la Casa Albă. E vorba de Frank D. Roosevelt, omul care a stat cel mai mult în Biroul Oval, căci s-a aflat în fruntea țării din 1932 până în 1945. Au fost apoi anii tulburi care au urmat Marii Depresiuni și celui de al Doilea Război Mondial.
Moartea l-a îndepărtat – și nu niște alegeri – de la Casa Albă. Rămânerea sa la putere a fost atât de lungă, încât a fost amendată Constituția pentru a limita la numai două mandate șederea unui președinte în Biroul Oval, așa că nimeni nu mai poate fi președinte mai mult de opt ani.


Franklin Delano Roosevelt

Dacă au trecut 75 de ani între președinții Adams și Roosevelt, curentul dinastic-politic s-a accelerat și intensificat: au trecut doar 15 ani până la venirea la putere a președintelui John F. Kennedy, asasinat în 1963, primul dintr-o nouă dinastie, care, de fapt, l-a avut ca prolog pe tatăl său, Joe Kennedy, ca ambasador la Londra. Cu toate că niciun alt Kennedy n-a mai ajuns la Casa Albă, încercările nu au lipsit: mai întâi se pare că fratele său, Robert, ministru al Justiției, avea șanse să-i urmeze în funcție, dar, și el a fost asasinat.

John Fitzgerald Kennedy

Un al treilea frate mult mai tânăr, Edward (Ted) Kennedy, a fost nevoit să se mulțumească, spre regretul său, cu funcția de senator. A renunțat la ambițiile sale prezidențiale în urma unui scandal în care a fost implicată o femeie care nu era soția lui, și pe care a lăsat-o să moară în automobilul cu care circulau și care s-a scufundat în apele de lângă insula Chappaquiddick, în Massachussets, unde Ted își petrecea vacanțele.
Însă, Ted Kennedy a beneficiat de o funcție pe viață și nimeni nu i-a contestat, cât a trăit, dreptul de a-și păstra fotoliul senatorial. Alți membri ai acestei familii au ocupat diferite funcții. Chiar și fiica mai mică a asasinatului președinte, Kennedy, Caroline Kennedy, a ocupat funcții publice: cea de ambasadoare în Japonia, și, în prezent, în Australia, cu toate că toată viața nu s-a ocupat decât de familia sa și de viața socială.
Alți Kennedy ocupă diverse funcții publice și nimeni nu exclude posibilitatea ca vreunul dintre ei, dacă acumulează suficientă experiență, să nutrească ambiții prezidențiale.
Puțin timp după dinastia Kennedy, au venit cei din familia Bush, o dinastie politică prin antonomasie: doi dintre ei au fost președinți, tată și fiu, însă, dacă nu ar fi venit Donald Trump, un alt fiu ar fi avut mari șanse să ajungă la Casa Albă.
Din această dinastie, primul care a ocupat Biroul Oval a fost George Herbert Walker Bush, în 1988, urmat, după doar un mandat de președinte, de fiul său, George W. Bush, din 2000 până în 2008. După președinția lui Barak Obama, un alt Bush a fost candidat prezidențial.
Jeb Bush, fost guvernator al statului Florida, fiu și frate al primilor doi Bush, a avut mari șanse să câștige, dar Donald Trump i-a închis calea. Alți membri ai familiei s-au prezentat pentru a ocupa diferite funcții, dar, niciunul nu a asipirat la președinție.
Alți politicieni stau la coadă pentru a intra în dinastii politice: mai întâi, soția fostului președinte, Bill Clinton, Hillary Rodham Clinton, care a candidat deja în 2016, pare să nu fi renunțat de tot la președinție. Chiar și fiica ei, Chelsea Clinton, care, până acum, nu a ocupat nicio funcție, ar putea avea posibilități să aspire la funcția supremă în stat. În definitiv, numele de Clinton i-a adus contracte pentru a scrie articole pentru câteva mijloace de informare, cu niște onorarii foarte mari, cu toată lipsa ei de experiență.
La fel se întâmplă cu soția fostului președinte, Barak Obama, care a fost la Casa Albă între 2008 și 2016: Michelle Obama se bucură de mare popularitate și nu se exclude posibilitatea ca ea să câștige niște alegeri primare și să aspire la președinție.
Și vicepreședintele Cheney a deschis o dinastie, cu toate că el nu a fost niciodată titular al Biroului Oval. Numele de Cheney a ajutat-o pe fiica sa, Liz Cheney, să câștige un fotoliu în statul Wyoming, de unde provine tatăl ei. E un fotoliu pe care tocmai l-a pierdut în alegerile primare, însă a anunțat că la viitoarele alegeri prezidențiale, care vor avea loc peste doi ani, ar putea să-și prezinte candidatura.
Dincolo de aceste familii, se află cea a fostului președinte, Donald Trump: fiica sa, Ivanka, ar putea să-și dorească să urmeze drumul parcurs de tatăl ei, sau, poate, una dintre nurorile acestuia, Lara Trump, care se dovedește a avea o personalitate mai puțin conflictuală decât socrul ei.
Însă, intrarea în această lume exclusivă și foarte redusă depinde foarte mult de sprijinul mijloacelor de informare și de ceea ce se numește „statul profund”, al unor oameni bine conectați și cu multă experiență administrativă.

Ivanka Trump


Dacă lipsește acest sprijin, se poate ajunge la președinție, așa cum a demonstrat Donald Trump, însă cei patru ani ai săi la Casa Albă au însemnat o continuă persecuție din partea majorității mijloacelor de comunicare și a aparatului administrativ, cu acuzații de trădare și abuz de putere, care niciodată nu au putut fi dovedite, cu toate investigațiile care s-au făcut, multiple și timp îndelungat, însă, care acum, sunt retrezite cu dublu scop: unu, pentru a descoperi posible acțiuni ilegale atunci când a guvernat, sau în activitatea propriilor sale întreprinderi; iar celălalt, mai important, să se împiedice revenirea sa la Casa Albă.
De fapt, o a doua președinție a lui Trump este foarte puțin probabilă, deoarece e greu să ne imaginăm că va avea suficiente voturi independente, însă intrarea rudelor sale în „clasa prezidențială” este foarte posibilă, iar acțiunile legale care pot fi întreprinse împotriva lui Trump nu le-ar închide calea. Din contra, le-ar putea învălui într-o aureolă de martiri, garantându-le, astfel, voturile entuziaștilor și frustraților partizani ai lui Trump.

Autorul articolului: Diana Negre

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Dinastías políticas Washington, Diana Negre

Franklin Delano Roosevelt


Las dinastías han existido en países de todas latitudes y han llevado a unas pocas familias a sus máximas instancias de gobierno, pero nadie las sitúa en el hemisferio americano, donde, tras época colonial se instauraron repúblicas en todo el continente.
Especialmente en el estado más estable y poderoso, que son los Estados Unidos, donde hasta ahora ha habido 46 presidentes elegidos de manera democrática en atención a sus méritos y sus promesas, pero no su origen familiar.
Pero las cosas han ido cambiando y en EEUU se han ido formando dinastías cuyos miembros tienen muchas más posibilidades que el resto de los mortales de conseguir la presidencia del país.
Ya en sus primeros tiempos hubo en Estados Unidos un acercamiento al poder por parte de miembros de la misma familia, cuando John Quincy Adams se convirtió en presidente, 24 años después de su padre, John Adams, quien, tras haber sido vicepresidente con George Washington, se convirtió en el segundo presidente de Estados Unidos.
Pasó mucho tiempo, nada menos que 76 años, hasta la entrada de la siguiente dinastía, la familia Roosevelt, cuando un primo del presidente Theodore Roosevelt ocupó la Casa Blanca. Se trataba de Frank D. Roosevelt, el hombre que ocupó el Despacho Oval por más tiempo, pues estuvo al frente del país desde 1932 hasta 1945. Fueron los años turbulentos que siguieron a la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial.
No fueron unas elecciones, sino la muerte quien lo alejó de la Casa Blanca. Su permanencia en el poder fue tan larga que se enmendó la Constitución para limitar a dos términos el mandato presidencial, de forma que nadie puede ser presidente más allá de ocho años.
Si pasaron 75 años entre los Adams y los Roosevelt, la corriente dinástico-política se aceleró e intensificó después: tan solo pasaron 15 años hasta la llegada al poder del presidente John F. Kennedy, asesinado en 1963, el primero de una nueva dinastía, que en realidad tuvo como prólogo a su padre Joe Kennedy como embajador en Londres. Aunque ningún otro Kennedy haya llegado a la Casa Blanca, no han faltado los intentos: primero parecía que su hermano, Robert, ministro de Justicia, tenía posibilidades de sucederle, pero también él fue asesinado.
Un tercer hermano mucho más joven, Edward (Ted) Kennedy, tuvo que conformarse muy a pesar suyo con el cargo de senador. Renunció a sus ambiciones presidenciales a causa de un escándalo que envolvió a una mujer que no era la suya, a la que dejó morir en el coche en que ambos circulaban y que se hundió en las aguas de Chappaquidick, junto a su lugar de vacaciones en Massachussets.
Pero Ted Kennedy tuvo en la práctica un cargo vitalicio y nadie disputó su derecho a mantener su escaño senatorial hasta sus últimos días. Otros miembros de la familia han seguido igualmente presentes en diversos cargos. Incluso la hija menor del asesinado presidente Kennedy, Caroline Kennedy, ha ostentado cargos públicos como embajadora ante el Japón y actualmente ante Australia, a pesar de que durante toda su vida no hizo más que ocuparse de su familia y vida social.
Otros miembros de la familia ocupan diversos cargos públicos y nadie descarta que alguno de ellos, una vez acumulada suficiente experiencia, persiga nuevas ambiciones presidenciales.
Poco después de la entrada de la dinastía Kennedy fue el turno de los Bush, una dinastía política por antonomasia: no solamente dos de ellos fueron presidentes, sino que se trataba de padre e hijo y, de no haber sido por Donald Trump, otro hijo habría tenido buenas posibilidades de ocupar la Casa Blanca también.

George H.W. Bush


En este caso, primero llegó a la Oficina Oval George Herbert Walker Bush, en 1988, seguido, con tan solo el intervalo de un presidente por su hijo George W. Bush, de 2000 a 2008. Tras la presidencia de Barak Obama, otro Bush fue también candidato presidencial.
Jeb Bush, ex gobernador de Florida, hijo y hermano de los dos primeros Bush, tenía buenas posibilidades de ganar, pero Donald Trump le cerró el camino. Otros miembros de la familia se han presentado para diversos cargos, aunque, de momento, ninguno ha aspirado a la presidencia.
Otros políticos están en la cola para entrar en dinastías políticas: primero la mujer del ex presidente Bill Clinton, Hillary Rodham Clinton, quien ya fue candidata en 2016 y no parece haber renunciado totalmente al cargo. Incluso su hija Chelsea Clinton, quien hasta ahora no ha ocupado ningún cargo, podría tener alguna posibilidad de aspirar a la primera magistratura. A fin de cuentas, su apellido le valió contratos para escribir en algunos medios informativos con unos honorarios muy elevados, a pesar de su escasa resonancia y nula experiencia.
Otro tanto ocurre con la mujer del expresidente Barak Obama, quien ocupó la Casa Blanca de 2008 a 2016: su esposa, Michelle Obama, gozaba de gran popularidad y pocos descartan que tendría posibilidades de ganar unas elecciones primarias y aspirar a la presidencia.
También el vicepresidente Cheney abrió una dinastía, a pesar de que él mismo no ocupara jamás el Despacho Oval. El apellido Cheney ayudó a su hija, Liz Cheney, a ganar un escaño en el estado de Wyoming, de donde proviene su padre. Es un escaño que acaba de perder en las elecciones primarias, pero ya ha anunciado que tiene aspiraciones presidenciales y que podría presentar su candidatura, dentro de dos años.
Más allá de estas familias, se halla la del expresidente Donald Trump: su hija Ivanka podría aspirar a seguir el camino de su padre, o quizá una de sus nueras, Lara Trump, quien da muestras de tener una personalidad menos conflictiva que su suegro.
Pero la entrada en este mundo exclusivo y reducido es casi imposible sin el apoyo de elementos de tanta fuerza como los medios informativos y lo que se ha dado por llamar “el estado profundo”, de gentes bien conectadas y con gran experiencia administrativa.
A falta de este apoyo, no es imposible llegar a la presidencia, como demostró Donald Trump, pero sus cuatro años en la Casa Blanca fueron una persecución constante por parte de la mayoría de los medios de comunicación y del aparato administrativo, con acusaciones de traición y abuso de poder que nunca se pudieron confirmar a pesar de largas y múltiples investigaciones , pero que ahora se hacen revivir con dos fines: uno, descubrir posibles acciones ilegales en su anterior etapa de gobierno o en sus propias empresas; y otra, más importante, evitar su regreso a la Casa Blanca.
En realidad, una segunda presidencia de Trump es improbable, porque cuesta imaginar que tendría suficientes votos independientes, pero la entrada de sus familiares en la “clase presidencial” es muy posible y las acciones legales que se puedan emprender contra Trump no les cerrarían el camino. Al contrario, les podría rodear de una aureola de martirio y garantizarles así los votos de los entusiastas y frustrados seguidores de Trump.

Autor: Diana Negre

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Întrebări inutile/Preguntas inútiles

Întrebări inutile Washington, Diana Negre


Recentele acțiuni ale Justiției americane de a confisca documente ale fostului președinte Trump par a fi o frână pentru ambițiile prezidențiale ale fostului mandatar, care, deocamdată, continuă să fie interesat să se întoarcă la Casa Albă.
S-ar părea că încleștările sale cu Justiția vor face mai dificilă revenirea sa la funcția supremă în stat, însă democrații pot să exagereze de pe pozițiile lor și să provoace un asemenea resentiment în sectoarele conservatoare, încât să-i favorizeze ambițiile politice ale magnatului newyorkez.
Pentru Trump și sprijinitorii săi este ușor să se prezinte ca victime ale unei vânători de vrăjitori: Hillary Clinton, candidata care a pierdut alegerile prezidențiale în fața lui Trump, nu a fost nevoită să răspundă în fața Justiției pentru distrugerea unor documente compromițătoare și nici pentru manipularea și înșelarea opiniei publice pentru a-i aduce prejudicii lui Trump.
Pe de altă parte, ministrului Justiției, Garland, i s-ar putea reproșa că e pornit împotriva republicanilor: la sfârșitul lui 2016 a fost numit de președintele din vremea aceea, Obama, pentru un loc rămas vacant în Tribunalul Suprem, însă, majoritatea republicană din Senat i-a blocat numirea, iar acum, ar fi venit momentul răzbunării.
Calificativul de „republică bananieră” a fost pe buzele a aproape tuturor republicanilor care au condamnat pătrunderea FBI-ului în reședința lui Trump din Florida. Fostul președinte, care nu se afla acolo, nu a ezitat să califice fapta ca nelegiuire, și i-a avertizat pe americani că libertățile cu care sunt obișnuiți și care până acum păreau a fi garantate, se află în pericol.
Desigur, FBI și Departamentul de Justiție ar fi putut găsi formule mai puțin spectaculoase pentru a pune mâna pe documentele pe care le deținea Trump, însă mulți cred că asemenea acțiuni reduc posibilitățile ca Trump să se prezinte, din nou, la alegerile prezidențiale. Pe de altă parte, promotorii acestei acțiunii a FBI-ului nu s-au gândit și la polarizarea pe care o va declanșa această decizie.
Sau, poate au luat-o în calcul: posibilitățile democraților la alegerile parțiale din noiembrie sunt destul de mici și e posibil să caute un revulsiv pentru a spori participarea sprijinitorilor lor.
Adevărul este că, în atmosfera politică actuală, orice rău i s-ar putea face lui Trump pare a fi acceptabil pentru democrații cei mai radicali, în schimb, pentru republicanii lor necondiționați nu e tolerabil niciun prejudiciu.


Printre alegătorii moderați se semnalează că nimeni, nici măcar un fost președinte nu se află deasupra legii. Însă, la fel, nici dedesupt. Ei cred că această acțiune este un abuz al puterii momentului pentru a supune un fost președinte unei vânători de vrăjitoare și care poate fi contraproductivă.
Între timp, sondajele îl încurajează pe Trump. Mulți cititori se pot întreba de ce multe sondaje nu se materializează. O părere foarte răspândită este că sondajele sunt cumpărate, iar agențiile demoscopice pur și simplu generează rezultate pe placul clienților.
Desigur, uneori se întâmplă așa, însă, este posibil ca întrebările să nu se refere la realitate. Este exact ce se întâmplă acum în SUA, unde sondajele arată foarte clar că Donald Trump, cel care a pierdut alegerile acum aproape 3 ani, ar fi, în prezent, favoritul alegătorului american.
Este adevărat, dar, numai în parte. Este adevărat că, dacă alegerile prezidențiale ar avea loc azi, Trump ar câștiga mai multe voturi decât Biden, însă o asemenea posibilitate nu merită multă atenție, deoarece o nouă competiție între cei doi nu va avea loc. Adică, problema cu acest fel de abordare nu este avantajul pe care l-ar avea Trump, ci faptul că o asemenea alegere nu va mai organiza niciodată.
În parte, deoarece nu mai este clar, cu toate aripile pe care i le-au dat ultimele evenimente, dacă Trump va candida din nou. Dar e aproape sigur că Biden nu vrea un nou mandat: suspiciunile de senilitate, prezente în 2020, sunt, azi, evidente.
Întrebarea este cine vor încerca să vină la Casa Albă, în 2024. Trump planează ca o amenințare, nu pentru țară, ci pentru republicani, căci cu greu va mai câștiga niște alegeri prezidențiale. Dacă apare un republican cu posibilități reale, Trump va fi, practic, pe locul al treilea, și i-ar lua voturi acestui candidat, ajutându-l, de fapt, pe candidatul democrat.
Iar influența lui Trump poate să existe, chiar și dacă nu se mai prezintă la alegeri: sprijinitorii săi s-ar putea simți atât de frustrați, încât nu s-ar mai duce să voteze, ceea ce ar garanta victoria democraților.

Autorul articolului: Diana Negre

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Preguntas inútiles Washington, Diana Negre


Las recientes acciones de la Justicia norteamericana al incautar documentos del ex presidente Trump parecen un freno a las ambiciones presidenciales del exmandatario quien, por el momento, se muestra interesado en volver a la Casa Blanca.
Parecería que sus enfrentamientos con la Justicia harán más difícil su regreso a la primera magistratura del país, pero los demócratas pueden exagerar en sus posiciones y provocar tal resentimiento en los sectores conservadores que favorezcan las ambiciones políticas del magnate neoyorquino.
Es fácil para Trump y sus seguidores presentarse como víctimas de una caza de brujas: Hillary Clinton, la candidata que perdió las elecciones presidenciales contra Trump, no tuvo que responder ante la Justica por haber destrozado documentos comprometedores, ni por haber manipulado y engañado a la opinión pública para perjudicar a Trump.
Por otra parte, al ministro de Justicia, Garland, se le podría echar en cara que tiene un hueso que roer contra los republicanos: a finales de 2016 fue nominado por el entonces presidente Obama para una vacante del Supremo, pero la mayoría republicana en el Senado bloqueó el nombramiento y este sería su momento de venganza.
La frase ¨república bananera” ha estado en boca de casi todos los republicanos que condenaron la entrada del FBI en la residencia de Trump en Florida. El expresidente, que no estaba allí, no tardó en calificar el hecho de atropello y avisó a los norteamericanos de que las libertades a que están acostumbrados y que hasta ahora les parecían garantizadas, están en peligro.
Ciertamente, el FBI y el Ministerio de Justicia podrían haber hallado fórmulas menos espectaculares para hacerse con los documentos que Trump tenía en su casa, pero muchos creen que tales acciones reducen las posibilidades de Trump de presentarse nuevamente a las elecciones presidenciales. Por otra parte, los promotores de esta acción del FBI seguramente no consideraron la polarización que semejante orden provocaría.
O tal vez sí lo tuvieron en cuenta: las posibilidades de los demócratas en las elecciones parciales de noviembre son escasas y tal vez buscan un revulsivo para aumentar la participación dentro de sus filas.
Lo cierto es que, en el ambiente político del momento, cualquier daño que se le pueda hacer a Trump parece aceptable a los demócratas más radicales, mientras que ningún daño es tolerable para sus incondicionales republicanos.
Entre los votos moderados hay quienes advierten que nadie, ni siquiera un ex presidente está por encima de la ley. Pero, eso sí, tampoco está por debajo. Creen que esta acción es abusar del poder del momento para someter a un presidente a la caza de brujas y que puede ser contraproducente.
Entre tanto, las encuestas animan a Trump. Muchos lectores se habrán preguntado por qué los sondeos de opinión no se materializan muchas veces. Una opinión muy extendida es que las encuestas están compradas y las agencias demoscópicas simplemente generan resultados a gusto de sus clientes.
Ciertamente esto se da en algunos o muchos casos, pero también podría ocurrir que las preguntas no se refieran a la realidad. Es algo que ocurre ahora en Estados Unidos,
donde las encuestas dejan bien claro que Donald Trump, quien perdió las elecciones hace casi 3 años, seria ahora el favorito del votante norteamericano.
Y esto es cierto, pero solo en parte. Porque es verdad que si las elecciones presidenciales fueran hoy Trump se llevaría más votos que Biden, pero semejante posibilidad merece poca atención porque una nueva carrera entre ambos es improbable. Es decir, que el problema con este planteamiento no es la ventaja que Trump pueda tener frente a Biden, sino que semejante votación probablemente nunca se dará.


En parte porque no está claro, a pesar de las alas que le han dado los últimos acontecimientos, que Trump vuelva a presentarse. Y es casi seguro que Biden no lo hará: las sospechas de senilidad, ya presentes en 2020, se han vuelto hoy manifiestas.
La pregunta es quiénes trataran de llegar a la Casa Blanca en 2024. Trump planea como una amenaza, no para el país, sino para las filas republicanas, pues difícilmente ganaría otras elecciones presidenciales. Porque, de presentarse un republicano con verdaderas posibilidades, Trump en la práctica sería como un tercer candidato que restaría votos a este candidato y ayudaría de esta forma al aspirante demócrata.
Y la influencia de Trump puede existir incluso si no se presenta: sus partidarios podrían sentirse tan dolidos que se abstendrían de votar, lo que garantizaría una victoria demócrata.

Autor: Diana Negre

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